Esta semana, el Banco de México celebrará su reunión de política monetaria, en la que, muy probablemente, decidirá reducir en un cuarto de punto porcentual la tasa de interés de referencia, para ubicarla en 7.75%, tal como se anticipó en su último comunicado.
Es probable que la decisión sea nuevamente tomada por mayoría de cuatro a uno entre los miembros de la Junta de Gobierno, aunque existen argumentos para pensar que podría ser unánime.
El más importante de estos argumentos es que la inflación subyacente habría retomado, aunque de forma aún tenue, su trayectoria descendente, con cambios cualitativos relevantes en su composición. En particular, destaca la disminución de la inflación de servicios, que en la primera mitad de julio no fue compensada, por primera vez, por un aumento en la inflación de mercancías. Esto se debió principalmente a la menor inflación observada en los rubros de vivienda y otros servicios, reflejo de la debilidad que está observando la demanda interna.
En segundo lugar, según datos del propio banco central, el repunte reciente de la inflación subyacente de mercancías estaría relacionado con un fenómeno temporal derivado del encarecimiento global de materias primas, como respuesta al aumento de la demanda estadounidense previo a la entrada en vigor de nuevos aranceles. Es de esperarse que, conforme estos aranceles se concreten, la presión sobre los precios de insumos disminuya, moderando también su efecto sobre la inflación de mercancías.
En tercer término, la base de comparación sigue siendo alta para los precios de productos agropecuarios, debido a la sequía que afectó al país en estas fechas el año pasado. Esto hace posible que sigamos observando buenos datos en este indicador durante algunas quincenas más.
En cuarto lugar, el tipo de cambio se ha estabilizado en torno a los 18.70 pesos por dólar, lo que limita su impacto sobre los precios de las mercancías. Además, el efecto traspaso de la depreciación cambiaria hacia la inflación es relativamente bajo en México.
Por último, aunque la Reserva Federal mantuvo sin cambios su tasa de referencia la semana pasada, la escasa creación de empleos en julio —y especialmente, la fuerte revisión a la baja de los datos de los dos meses previos— modificaron sustancialmente la percepción sobre el mercado laboral estadounidense, aumentando la probabilidad de una futura baja de tasas en Estados Unidos, lo que reduce la presión sobre la postura monetaria relativa de México.
No obstante, en sentido contrario, los buenos datos de inflación de la primera quincena de julio (tanto la general como la subyacente se ubicaron en 0.15%, por debajo del 0.21% y 0.27% esperados, respectivamente), resultaron en un alza inesperada en las expectativas inflacionarias. Según la encuesta de julio de Banxico, la inflación general esperada al cierre de 2025 subió de 4.00% a 4.04%, y la subyacente de 4.00% a 4.12%. Para 2026, las expectativas también aumentaron ligeramente, de 3.74% a 3.75% en la general, y de 3.71% a 3.72% en la subyacente. Este ajuste podría ser considerado negativamente por algunos miembros de la Junta, en especial aquellos que otorgan mayor peso a las expectativas.
Antes de emitir su decisión, la Junta de Gobierno contará con los datos de inflación de julio en su conjunto. De acuerdo con la misma encuesta de Banxico, se espera que tanto la inflación general como la subyacente se ubiquen en 0.30% mensual. De confirmarse, la inflación general bajaría a 3.55% anual, mientras que la subyacente lo haría de 4.24% a 4.22%, lo cual podría reforzar el argumento de uno de los subgobernadores respecto a la necesidad de una tendencia más clara de descenso en la inflación subyacente.
De resultar mejor de lo que se espera, podría mejorar la perspectiva al interior y exterior del banco. De lo contrario, podría poner en duda las siguientes disminuciones de las tasas de interés.
Rodolfo Navarrete
agosto 01, 2025