La semana pasada, tal como se esperaba, el Banco de México (Banxico) redujo la tasa de interés de referencia en medio punto porcentual. Sin embargo, lo más relevante fue su guía futura, que anticipa la posibilidad de una nueva reducción de 50 puntos base en la próxima reunión de política monetaria. Esta acción podría repetirse en junio, si las condiciones lo permiten.
Existen varios elementos que conducen a estas conclusiones. Actualmente, todos los miembros de la Junta de Gobierno del Banco de México coinciden en la necesidad de bajar la tasa de manera acelerada, ya que la inflación se ha comportado conforme a lo proyectado. Si bien esto obedece al carácter restrictivo de la política monetaria que se ha venido aplicando, también responde, en parte, al debilitamiento económico, exacerbado recientemente por la incertidumbre derivada del programa arancelario del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
En este contexto, el Banco de México considera que ha mejorado el balance de riesgos en torno a la trayectoria prevista de la inflación, aunque reconoce que el sesgo al alza persiste. No obstante, el principal riesgo identificado ahora es el posible impacto de la depreciación del tipo de cambio sobre el crecimiento de los precios, antes que la persistencia de la inflación subyacente.
Este cambio de prioridades es comprensible, dado que el mayor problema para México en el escenario actual es la relación comercial con Estados Unidos. Se espera que los problemas relacionados con los aranceles se reflejen inicialmente en el tipo de cambio, lo cual podría incidir en el comportamiento inflacionario. Sin embargo, hasta ahora, la depreciación del peso no ha generado un efecto significativo en la inflación, y es posible que esta situación continúe debido a la debilidad que registra la demanda interna, misma que se ha visto agravada por la incertidumbre arancelaria.
Por otro lado, los factores que anteriormente impulsaban la persistencia de la inflación subyacente parecen haber disminuido. Los datos de la primera quincena de marzo muestran una notable reducción en la inflación de “Servicios”, especialmente en el rubro de “Otros Servicios”, que pasó del 6.85% al 4.72% en el último año, mientras que la inflación de servicios generales disminuyó de 5.57% a 4.25%. Aunque estos niveles siguen siendo elevados, el ritmo de descenso es alentador.
La inflación general se sitúa actualmente en 3.7%, cercana al objetivo del 3.0% y dentro del intervalo de variabilidad permitido por el propio Banco de México (entre 2% y 4%). A su vez, la tasa real de interés se ubica ligeramente por encima del 5.0%, superando el 3.6% que marca el límite superior de la zona de neutralidad.
Con estos ajustes, el Banco de México busca adecuar su postura a la evolución reciente de la inflación. Todavía existe un margen para reducir las tasas en aproximadamente 150 puntos básicos, aunque esto dependerá de la evolución de las expectativas inflacionarias y del comportamiento real de la inflación.
En las últimas tres reuniones de política monetaria, el Banco de México ha reiterado que prevé la posibilidad de continuar con el ciclo de recortes, “si bien manteniendo una postura restrictiva”. No obstante, cuando la inflación alcance un nivel determinado (¿3.0%? ¿3.5%?), es posible que el banco elimine esta referencia en sus comunicados, lo que abriría la puerta a un ajuste adicional de 100 puntos base en las tasas de interés antes de adoptar una postura expansiva en su política monetaria.
De acuerdo con las estimaciones del mercado, la inflación podría acercarse al 3.0% hacia mediados de año, aunque esto difiere de las proyecciones de Banxico. La interrogante clave es cómo reaccionará el banco en ese contexto, ya que lo más prudente sería priorizar la estabilidad inflacionaria sobre ese nivel, lo cual limitaría la reducción de las tasas de interés. Hacer lo contrario pondría en riesgo gran parte de lo avanzado en materia inflacionaria.
Rodolfo Navarrete
marzo 28, 2025